Para
empezar a escribir en mi blog, voy a hacerlo sobre un artículo que publicó mi
profesor sobre la LOMCE (Ley
Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa). (http://www.blogcanaleducacion.es/una-ley-sin-vocacion-de-futuro/)
Estoy
totalmente de acuerdo cuando habla sobre ésta ley (y cualquier otra ley
educativa anterior), su retahíla de cambios que conlleva por cada legislatura
de cada partido político. Puesto que no hay un consenso entre partidos
políticos, sucede esta mudanza constante de leyes. Cuando lo que se debería
hacer de una vez por todas es ese acuerdo conforme por parte de todos.
Claro
está que esto no sucede por los intereses que cada cual estima oportuno “para
su propio beneficio”.
Debemos
saber también sobre el sistema educativo
el porqué de éste. Lo entenderemos mejor leyendo el fragmento de éste artículo:
“Por si fuera poco, no viene acompañada
de un análisis riguroso que identifique los problemas y trate de explicar por
qué las medidas que se van a tomar son las más oportunas para enfrentarlos.”
(Sola, M. 2012). Con esto se quiere decir que por cada partido político que
está en el cargo y cambia la ley educativa a su antojo, no nos informan del
porqué de este cambio, para así en parte mejorar aquello que no funcione. Pero
esto no sucede, por el mero hecho de que no es más que un cambio político, y
como es obvio, ideológico.
Entre
la multitud de aspectos, se da diferente importancia a las asignaturas. Los
alumnos deben de ser autónomos de elegir aquello que prefieren, eso sí unas vez
que tengan unos conocimientos básicos y globales. Entonces sabiendo todo esto
podrá elegir su camino.
Entre
tantas cosas que propone la LOMCE, cambios y demás, debemos saber qué nos hace
bien y poner remedio. Desde luego que tal y como está el sistema educativo, lo único
que provoca en los niños es incertidumbre, confusión, desconcierto y caos. Si
esto cambiara, en los alumnos tal vez afloraría ganas por descubrir cosas nuevas,
y lo que es más: aprender.